Estar sin estar

Lala

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Estas líneas pretenden leerse como una carta de amor para una monja. De los diez hijos que tuvieron mis abuelos, Carmen Laura Hernández Ornelas seguía en edad a mi padre y aparece de niña, en fotos de un color imposible, con una cabellera negra enredada en bucles que su biografía habría de ocultar; ojos claros de esos que algunos recuerdan azules y otros, verdes de una entrañable y callada melancolía. Cuando la familia se tuvo que mudar a la Ciudad de México porque Guanajuato cuadriculó con la expropiación agraria los ranchos de siempre, Da. Carmen y D. Pedro Félix hicieron hogar en la calle de Gobernador Tornel a la sombra del bosque de Chapultepec (idéntico decurso que tomó la familia Ibargüengoitia Antillón y que explica más de un paralelo con todo lo Cuévano que Jorge cuajó en tinta). No sería entre las sombras de ahuehuetes y sauces llorones donde viviría su primer infierno la hermosa niña que llamaban Lala, sino a plena luz del día y en las calles de la Colonia Condesa: un fulano la tomó del brazo y con amenazas ya se la llevaba a quién sabe qué destino como reliquia de un cuento de hadas cuando una …

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Lo hallado de lo perdido

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Al parecer, México como País de Nunca Jamás tiene ínsulas de miles de niños perdidos, páramos poblados por personas desaparecidas y las llamas del llano donde flamean las tumbas de todos nuestros muertos con vidas que no merecen el olvido. Uno entre cientos desaparece durante una semana que es de años y vuelve del Infierno convertido en Otro, perdido en el mar de las explicaciones sin sentido y los videos ad nauseam, perdida la mirada en la íntima fotografía con la que su cerebro congela en absoluto silencio el incongruente mural de los abusos y las acusaciones, los protocolos increíbles, la burocracia intimidante… la negra noche. A diario aparece lo perdido, los huecos insalvables donde antes hubo algo; el vacío de las palabras y el latido de la ausencia; el naufragio flotante de lo inverosímil y la constancia como corazonada de todo lo inverificable. Se hallan los restos como vaho de la ley esfumada y aparecen repetidas hasta el hartazgo las ilusorias promesas electorales que emanan de parlamentos huecos e instituciones ambulantes que hace tiempo se volvieron inconsistentes; aparecen y reaparecen consignas políticas caducadas y caras desfiguradas donde antes hubo rostros reconocibles. Flotan deshojados los libros inmortales, bogando entre cientos …

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‘La Cargada’

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Como en los viejos tiempos del PRI, el mesiánico recurrente, portavoz de la esperanza y dueño de la pausa verbal suma ya varios días en la degustación inexplicable de eso que llamaban antiguamente la cargada: la sumatoria diaria de los que se van sumando, el tropel triunfalista que anima y apuntala los propósitos y proyectos del presidenciable, y además va salivando el hueso con el que han de asegurar sus quincenas, los conectes que aligeren todo tipo de negocios y las sutiles redes de la siempre volátil impunidad. A contrapelo, dicen que el candidato oficial se encuentra estancado en un marasmo donde las encuestas lo van bajando en el escalafón debido a la estela de corrupción, desahucio, despilfarro y descaro con el que se despide el sexenio en el que ha sido protagonista, afiliado o cómplice de quienes ahora tiemblan ante la posibilidad de ser llamados a cuentas. Para él, la cargada parece inventada, impostada a golpe de improvisaciones y cínicas simulaciones. Queda entonces el enigmático candidato del fragmentado PAN, que suena a metáfora de morusas de bolillo: improvisado músico que había optado por enviar allende la frontera a su familia en aras de una seguridad que no se garantizaba …

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De portados mexicanos

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México se ha portado mal con los deportados mexicanos —y latinoamericanos en general— que han visto estrellarse en pedazos la biografía americana que habían construido con esfuerzos ilimitados. Más de lo mismo: nos hemos portado mal con los miles de soñadores latinos —y mexicanos en particular— que están al filo de ser deportados sin importar las décadas que llevan del otro lado, perdiendo el acento y extrañando cada tamal, sin importar que ahora se consigan chipotles en Chicago o tortillas en Tampa. Nos portamos mal y no hemos abordado debidamente ese amargo tufillo de recelo e incluso desprecio que le endilgamos a los paisanos en cuanto se vuelven vecinos de tarjeta verde, residentes con derechos; hasta parece escena de Acá las tortas, la lacrimógena y trasnochada película en blanco y negro donde una abnegada pareja de trabajadores mexicanos viven el amargo regreso de los hijos que mandaron a estudiar en los Naires Stéis, convertidos en gringuitos más propensos a la cátsup que al guacamole. La saliva de este tipo se llama racismo y es el tema subyacente en más de un titular de las noticias que no hemos abordado a fondo: la tibieza con la que Trump no pudo condenar …

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