Café de Madrid

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Vaho

vaho

Depende de la humedad y se eleva desde el calor de las bocas como íntima niebla entre el frío; depende también de la temperatura de la piel que se contrasta sobre el lienzo gris de una tarde lluviosa y dependiendo de la imaginación de cada quien, el vaho es beso que se vuelve visible sin dejar de ser impalpable. Flota en el vacío y se evapora sin dejar olor, como una imagen de pétalo de aire o ensayo de nube y su nombre resuena en los diccionarios como uno de los más bellos. Desconozco cómo se llama en árabe o cómo se dirá en francés, aunque consta que en inglés no existe una palabra específica para denominarlo: quien quiera escribir vaho en inglés tiene que construir la descripción donde el sujeto mira su propia o ajena respiración como una capacidad registrable, aunque innombrable. Vaho sobre las cabezas de quienes esperan cruzar una calle y vaho de los enamorados que conversan en el diminuto escenario de un coche antiguo, mientras las ventanillas se van recubriendo con esa piel líquida y helada donde casi nadie se resiste a dibujar con la yema de los dedos. Vaho simulado el del espejo que cambia …

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Ellas

mujeres

Ellas. Todas. Madres. Solteras. Calladas. Gritonas. Incansables. Silentes. Invisibles. Sabias. Ecológicas. Tolerantes. Nerviosas. Serenas. Robustas. Etéreas. Cantantes. Escritoras. Danzantes. Actrices. Poetas. Ojerosas. Desveladas. Pensativas. Madrugadoras. Reflexivas. Impulsivas. Eruditas. Cirujanas. Taxistas. Panaderas. Contables. Incalculables. Inocentes. Vírgenes. Abuelas. Atletas. Primas. Conocidas. Anónimas. Madrinas. Proveedoras. Ejecutivas. Influyentes. Asesoras. Educadoras. Enfermeras. Pilotos. Navegantes. Trapecistas. Dominantes. Aisladas. Vejadas. Avejentadas. Rejuvenecidas. Maquilladas. Somnolientas. Medidoras. Asombradas. Lectoras. Sonrientes. Malencaradas. Aceleradas. Fulleras. Preparadas. Sigilosas. Minuciosas. Traductoras. Gobernantas. Camareras. Dependientas. Delgadas. Malabaristas. Coreógrafas. Cartomancianas. Ajedrecistas. Peinadoras. Masajistas. Palindromistas. Locutoras. Expositoras. Diputadas. Senadoras. Accionistas. Modelos. Modistas. Costureras. Lavanderas. Arquitectos. Futbolistas. Escolares. Monjas. Redactoras. Telefonistas. Doctoradas. Psicólogas. Motoristas. Bailaoras. Cantaoras. Fantasmas. Personajes. Funambulistas. Amazonas. Lacias. Pelirrojas. Atrevidas. Reservadas. Calmadas. Chismosas. Cotillas. Amnésicas. Olvidadizas. Distraídas. Engreídas. Tímidas. Abusadas. Auxiliadas. Enfermeras. Neurocirujanas. Astronautas. Gemólogas. Joyeras. Falleras. Sevillanas. Europeas. Tarotistas. Adivinas. Sospechosas. Prófugas. Pensionistas. Hispanoamericanas. Niñeras. Fotógrafas. Violinistas. Escultoras. Funcionarias. Directoras. Memoriosas. Biógrafas. Editoras. Correctoras. Carpinteras. Ebanistas. Fontaneras. Madrastras. Miniaturistas. Muralistas. Decoradoras. Jardineras. Barrenderas. Ferroviarias. Aeromozas. Comandantes. Uniformadas. Nadadoras. Magistradas. Bulímicas. Intérpretes. Aficionadas. Obesas. Hermanas. Hermanastras. Neuróticas. Políticas. Turistas. Bisabuelas. Cadeneras. Sopranos. Molineras. Floristas. Libreras. Farmacéuticas. Podólogas. Conserjes. Porteras. Elevadoristas. Veterinarias. Dietistas. Divas. Investigadoras. Filólogas. Detectives. Difuntas. Acuarelistas. Acróbatas. Fantasmas. Meretrices. Esquiadoras. Tejedoras. Vegetarianas. Descalzas. Ecuménicas. Justicieras. Pendencieras. Generosas. Rencorosas. Dadivosas. Pecadoras. Ecuánimes. Brujas. …

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Algunos pasos

transeuntes

Me gustan las parejas que andan sincronizadas, esas que caminan como si se coreografiaran de memoria la sincronía de sus pasos y que incluso se detienen ante un escaparate para volver a sintonizar la travesía que han emprendido. He visto jóvenes enamorados que incluso bajo la lluvia parecen convertir sus piernas en metrónomo y proyectan la posibilidad de van felices o por lo menos eficientemente ágiles en una suerte de rompehielos contra el viento frío y la marea de gente que se atraviesa y de pronto se para en seco. No me gusta ver la gran cantidad de señores que caminan siempre por delante de las señoras que, al parecer, son sus parejas; las dejan cuatro o cinco pasos atrás y los hay que mantienen la conversación (por lo general, discusiones no exentas de hostilidad verbal) pero sin perder la delantera. Esos que van a su bola como si no vinieran acompañados sirven de metáfora para tanto descabellado proyecto de la vida donde el portavoz no es guía, sino anzuelo. Tampoco me gusta ver cuando una pandilla de cinco o seis abarca el ancho de las vías y caminan sincronizados pero a paso ganso, como documental en blanco y negro …

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Tinta triste por Forges

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La tinta anda triste y con un luto negro que la vuelve más espesa. Quizá por ello, los dibujos andan cabizbajos y se alargan sus sombras en una tristeza inexplicable que se enreda inevitablemente con sonrisa: evocar a Forges en su ausencia conlleva recordar la íntima galería que tenemos todos sus deudores y en la tristeza por su partida se entrelazan las muchas sonrisas que provocaba cada mañana con sus cartones. Se ha ido uno de los raros humanos –cada vez menos escasos—que combinan inteligencia con humor; capaz de condensar en una imagen la idea que ronda la mente de los demás y con la encomiable habilidad de resumir en una sola frase la consigna que necesitaba cada ciudadano al empezar el día. Sobre todo celebro sus diálogos cortos como pequeños telegramas verbales entre dos personajes que se encuentran siempre en el recuadro en blanco y la imagen imborrable de la España profunda, la de las dos viejecitas con el rebozo atado a las sienes en espejo con las inditas sabias que dibujaba Rius en México (también recientemente fallecido al otro lado del mar). Entre Borges y Forges se podía uno inventar el decurso de una tertulia anónima con fantasmas …

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