Café de Madrid

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México a gritos

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Aunque en silencio, una creciente mayoría de mexicanos gritamos a diario que viva México, habiendo sumado en años recientes tantos muertos y tanto desahucio entre despilfarros, pifias, abusos y mentiras de sus gobernantes. A falta de que las calles de México y del mundo se vayan inundando poco a poco de los gritos que reclaman la vitalidad de un país tan generoso, abundante, bello y poblado por una incansable mayoría de voluntades honestas que cumplen cada día con el callado afán de hacer lo que se tiene que hacer, gritemos como cada año el día de la conmemoración de la Independencia en honor a los muertos como intento para aclarar los enredos de nuestra memoria histórica. México conmemora cada 15 de septiembre el inicio de un proceso que nació con un grito. “¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!”, fueron parte de la consigna inicial con la que el cura Miguel Hidalgo encendió lo que hasta once años después fue consumado como Independencia de España. La historia patria nos vela entre brumas que el inicio fue empresa de no pocos sacerdotes (que además, muchos de ellos también eran padres de familia) y los enredos de la larga década que …

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El dolmen de Dalí

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En la desierta plaza de Felipe II vi de lejos a una señora que –sin importarle el Sol quemante, el paso de más de un cuarto de hora y su ropa nada veraniega—miraba absorta la inmensa piedra sobre tres pilares que llaman dolmen y la rara escultura en bronce negro que se yergue a sus pies. Sus ojos iban de la incredulidad al azoro y del disgusto a cierta risa. Al acercarme, me dijo que no se explicaba cómo se sostenía la piedra aquélla sobre lo que llamaba tres palillos ni qué estaría pensando Dalí al hacerle una estatua a su mujer, “¡si está clarísimo que se trata de un tío! Hay que mirar la palanquita que tiene entre piernas”. La confusión es más o menos generalizada y se debe quizá a que la ubicación misma del adefesio se presta a enredos: se le llama oficialmente Plaza Salvador Dalí a esa franja abierta entre los edificios decimonónicos, reformados y modernos que en algún ayer formaban el pasillo de entrada para la antigua Plaza de Toros (donde hoy se levanta el Barclaycard Center, santuario de baloncesto y conciertos variados) y sí, nadie se explica que –a invitación de D. Enrique Tierno …

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Como espuma

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La cervecería Santa Bárbara de la calle de Alcalá, esquina a Goya, esa que ocupa la proa del edificio que llaman de las bolas, allí donde quién sabe cuántas parejas se citaron para unirse y otras tantas para separarse, el lugar de las cañas y tapas como referencia urbana, allí en el cruce de dos arterias de ese corazón inmenso que llaman Madrid, esa cervecería cierra sus puertas luego de 70 años de servicios bien cumplidos. Berberechos y gambitas de Huelva, la tapa como colación obligatoria y, sí, las jarras, botellines, dobles o cañas de oro líquido, allí donde los madrileños de cepa acostumbran decir: “No vieras cómo tiran aquí la cerveza”, peinando la espuma como quien pasa página al tiempo. Como una maqueta cuyas casitas se van quedando poco a poco sin colores, hay quien se queda mirando con pesar la fila de fantasmas vivos y muertos, muñequitos a escala de lo que fueron en vida, que se acercan religiosamente a despedirse de los lugares emblemáticos de un Madrid que ya no existe o que se va quedando congelado en el oleaje de los pretéritos, el tiempo acumulado, encerrado en el corazón intacto que alguien acaba de descubrir en …

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Lorca en Goya

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Paso a diario frente al edificio verde limón que triangula sobre la calle de Alcalá, la avenida Nárvaez y Felipe II, abriendo una de sus fachadas hacia la Cervecería Santa Bárbara que habiéndose fundado en 1815, cerrará en dos semanas. Se sabe que Federico García Lorca salió del portal de ese edificio verde limón el 14 de julio de 1936 en un desesperado y equivocado intento por salvar su vida en Granada, creyendo que evitaría la muerte entre amigos y familiares y sin imaginar que –quizá—de no haberse movido de esa casa en la calle de Alcalá, aguantaría en Madrid los mismos días de polvo y pólvora que aguantó la ciudad hasta el último suspiro de la Guerra Civil. Imagino que alguien pudo haberle dado un pasaje para viajar a México y que apenas desembarcara en Veracruz iniciaría los alargados versos con dibujos difuminados donde rimara el paisaje que se come en colores con el sentimiento de tantas quejas que animaban su alma y que se dibujaría a sí mismo como el difuso fantasma que parece verse todos los días en la boca del Metro Goya, a la sombra del edificio verde limón donde casi nadie repara ya en el …

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