Otros artículos en El País

La eternidad más un día

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Eliseo Alberto de Diego y García Marruz se volvió intemporal un domingo como ayer —31 de julio de hace exactamente cinco años— para que su eternidad por fin comenzara un lunes, parafraseando un verso de su padre y cumpliendo el título de su primera novela. Le decíamos Lichi, como fruta dulce y se volvía entrañable con solo leerlo en tantas páginas perfectas. Muchos lo quisieron abrazar desde que su Informe contra mí mismo se volvió no solo testimonio de una herida increíble, sino el principio de una cicatrización que el propio Lichi soñaba en vida y quizá se confirma en cada gesto y cada insinuación con los que la isla de Cuba que llevaba en el alma se abraza poco a poco con ella misma y con sus enrevesados pretéritos, sus almas en pena y su juventud de siempre. El Informe que le habían encargado redactar contra él y los suyos era un nada velado espionaje sobre la intimidad y el desencanto de los descalabros de una revolución que tarde o temprano llevó a unos y otros, pocos y muchos, a perder la razón… y la pasión. Lichi llevaba a la isla entera en su piel de poeta instantáneo, con …

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¡¡Qué suave, Patria!!

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¡Qué suave está la Patria, Ramón! Antes tersa, la patriota piel se sonroja ahora con la comezón incesante de la envidia; otrora diamantina, tu aura se ha empañado con inquinas instantáneas y el entrañable olor de las panaderías se ha cambiado por la fétida flatulencia del coro insensato que cacarea por cacarear como confundida parvada de pericos. ¡Qué suave estás Patria, tan mancillada! Tú que encendías íntimo fervor con la falda hasta el huesito, muestras ahora –hasta las lonjas irracionales—un odio obeso y absolutamente irracional. ¿Qué sentirá Ramón, acodado sobre el mudo piano de Genoveva? Sucede que el Premio Hispanoamericano de Poesía Ramón López Velarde que otorga el gobierno del estado de Zacatecas ha sido más que merecidamente otorgado en la edición de este año al escritor Juan Villoro y sucede que con sólo anunciarlo se han desatado sin pausa de reflexión ni conocimiento de causa no pocas voces que intentan rasgarse las vestiduras, desatando más que polémica, el cíclico microclima de dimes y diretes, chismes y corazonadas, imbecilidad y estulticia que –por otro lado—quizá también merezca ser ya reconocido con algún premio nacional a la pendejez. Sucede que el meollo u origen del descontento que rápidamente se contagia en …

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Poeta a puñetazo limpio

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Supongo que nadie se atrevió en vida a criticar a Muhammad Ali como poeta o cuestionar su inmenso papel en no pocas transformaciones ideológicas y sociales del siglo XX. Lo obvio sería esperar que respondería con un gancho a la mandíbula, cuando en realidad el armamento más contundente que ostentaba el gigante campeón de los pesos pesados fueron las palabras. Los puristas de la métrica y engolados de academia dirán ahora que se trata no más que de un raro descendiente de esclavos negros que —como muchos otros bardos del Sur de los Estados Unidos— transpiraba una propensión natural para la rima; derivados intuitivos de eso que llaman limmericks, Ali desde que se llamaba Cassius Clay era capaz de rimar vocablos y armar retruécanos con la misma agilidad con la que combinó en los cuadriláteros su mote: era una mariposa que flotaba, al tiempo que picaba como abeja. Lamentablemente intraducible en toda su sonoridad, eso de Floats like a Butterfly and Stings like a Bee se volvió una suerte de credo recrecido que alteraba incluso la etimología formal de la No-violencia. Ha fallecido apenas hace unas horas y el mundo entero aún no sabe bien cómo deletrear su nombre, pero …

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Leyenda de El Pana

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De madrugada en Madrid y al anochecer de México llega la noticia de que ha muerto Rodolfo Rodríguez El Pana, a consecuencia de la estrepitosa voltereta que le propinó el mes pasado un mal bicho llamado Pan Francés en la plaza de toros de Ciudad Lerdo, Durango. El percance le cercenó las vértebras cervicales, dejándolo tetrapléjico, sin habla y acaso, el movimiento de sus párpados como única ventana de comunicación. Iba vestido de verde con pasamanería en azabache, la coleta –ya con las canas de sus más de sesenta años- seguía siendo natural y de moño a la antigua y no alcanzó a esbozar ni un solo lance que confirmase que la eternidad es una larga cordobesa. Decía el gran Eliseo Alberto que todo hombre muere del corazón, ya sea por amores contrariados que van minando la existencia o un derrame cerebral que borre la memoria, sea por un largo cáncer que absorba el azul jardín de los pulmones o el impacto imprevisto de un choque en carretera, todo hombre muere en el instante en que deja de latir su corazón. Constará entonces en el parte médico que El Pana murió a las 18.45 de un 2 de junio de …

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