Agua de Azar

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Lugares imprescindibles

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Héctor de Mauleón y Rafael Pérez Gay han reunido sus talentos para hacerle un regalo a Ciudad de México y sus habitantes, visitantes, vecinos y distantes. Se trata de Centro Histórico. 200 lugares imprescindibles, un libro como ramo de 200 rosas rojas que alimenta la memoria y abate la amnesia que a menudo nubla nuestra enrevesada relación con una ciudad que se fundó en 1325, entrañable, ojerosa y pintada, a la que amamos entrañablemente en los sueños de madrugada y alucinamos con ira en medio del primer embotellamiento de tráfico. El libro de mis amigos va unido al proyecto de colocar 200 placas que en breves párrafos señalen la ubicación de los lugares que no merecen olvido; al hacerlo, se intenta un nuevo salvamento de un paraíso no del todo perdido. Ya en tiempos del general Obregón se instalaron unas placas de talavera amarilla, pero es precisamente ahora cuando más necesitamos curtir la topografía más íntima de una ciudad que nos une desde el desconocido instante en que se supone que un águila tuvo a bien devorar una serpiente sobre un nopal que luego sería de Bandera. Lo diré más allá de cualquier cansancio: lo único que nos salva como …

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Cuando el Otro es el Mismo

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De vez en cuando flota una rara nebulosa al filo de los dedos que parece revelar al tacto la supuesta novedad de lo caduco. Hablo de la maquillada ilusión que transpira un maniquí que lleva tres décadas en el escaparate, como si cambiando de postura rejuveneciera su mirada perdida, y hablo de los nuevos sabores de golosinas varias que son exactamente los mismos de una temporada pasada, supuestamente olvidados en la saliva de algún desmemoriado, y hablo de la engañosa sonrisa de quien se presenta de pronto como si fuese Otro, siendo exactamente el Mismo, aunque varíe el vestuario, discurso o peinado. Es encomiable e incluso recomendable que alguien decida reinventarse geográfica o vocacionalmente e, incluso, me parece admirable que alguien corrija el rumbo de su biografía hacia párrafos personales de superación moral o excelencia académica o calidad total profesional, pero en el inmenso bosque de la gente que nos rodea hay muchas personas que se engañan a sí mismas con esa truculenta mentira de creerse Otros siendo los Mismos, y todo eso se destila gota a gota en el amargo sabor que se percibe como escepticismo o leve duda cuando saludamos al plagiario que supuestamente ha dejado de serlo, …

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Mira al vacío

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Aunque vivo, el desaparecido que somos ha perdido la mirada en el vacío; el ausente que somos se queda mirando vacíos ante el espejo aunque pongamos bultos de por medio para simular contenido: la sonrisa falsa de un político en campaña, el ceño fruncido de un funcionario que se compromete siempre a llegar hasta las últimas consecuencias, la sonrisa mentirosa de la mujer maquillada y la mirada vidriosa del plagiario impune. Alguien apagó la cámara en la patrulla que se instaló para registrar visualmente los dichos de las partes y lo que quedó es un vacío inexpugnable y la multiplicación de las inferencias. Algunos llevan la callada cuenta de todos los desaparecidos que somos todos, muertos en vida o potencialmente obnubilados por el horror fugaz de ser considerados culpables de antemano, sospechosos instantáneos, infractores en potencia caídos en la cadena interminable de manos irresponsables, manos sucias por tanta mugre que dependen de las esposas o grilletes o cadenas para atar su imposición y fingir su desempeño, simulando también los uniformados la mirada que pierden en el vacío de su más íntima frustración profesional, impostada la voz, improvisado el equipamiento, inventado el escudo, inventariadas sus faltas, inmersos en la inmovilidad, imposibilitadas …

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Jorge, andante

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Vicente Leñero tituló su semblanza de Ibargüengoitia como Los pasos de Jorge, en clara alusión a la novela histórica Los pasos de López, donde Ibargüengoitia bajó del pedestal al cura Hidalgo. El libro de Vicente sobre su amigo Jorge permite hoy festejarle sus 90 años al escritor que sigue tan campante (como Johnny Walker), precisamente por peripatético: cronista andante, novelista viajero del tiempo, cuentista tras el móvil de las tramas y dramaturgo en volandas de cada situación escénica. Jorge, andante, como en la fotografía que le tomó Paulina Lavista cruzando Coyoacán, o el hombre que enamoró a Joy Laville a primera vista con solo cruzar por el jardín central de San Miguel de Allende; Jorge, de relajado flaneur por las calles de París, entre Lauriston y Champs Élysées o por el callejón del Salto del Mono, al pie del Pípila en Guanajuato. Ibargüengoitia bajo el brazo de todos los lectores, que contraen una deuda impagable de gratitud con carcajada en cada página y en cada párrafo de las crónicas donde comparte bilis e ilumina la imperdonable estulticia de la corrupción crónica. He celebrado sus cuentos como anécdotas verídicas edulcoradas con la savia de la ficción y releo sus crónicas como …

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