Agua de Azar

Agua-de-Azar

Lector al abismo

Dicen que se hartó de las noticias y que por eso volvió a refugiarse en libros. Prefería perderse en la trama de una novela de enredos que en los enredos de las diferentes tramas y traumas de la política nacional; prefería hilar los cuentos que contienen sorpresas en el último párrafo o línea, y evitar las informaciones donde se acumulan corrupciones, robos y plagios que, con el paso del tiempo, quedan impunes. Perdido en páginas de clásicos empastados, el hombrecillo dio en caminar por las calles con la nariz hundida entre los lomos de su libro en turno, provocando miradas de asombro en un mundo donde ya todo mundo parece haberse acostumbrado a ver gente que camina con la mirada perdida en la pantalla del teléfono, en los audífonos de música íntima, pero no en las páginas de un libro. Dicen que el hombre perdido en sus libros volvió a los tiempos no tan remotos en que podía caminar leyendo sin caer en baches, sin toparse con el prójimo y anudar las historias con las que alimentaba su mente en una neblina de imaginación pura que le permitió sentir que realmente alcanzaba la felicidad en cada trayecto. Logró domeñar sus …

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Otras Meninas

Considerando que una tía abuela de Moroleón creía que Las Meninas de Velázquez era un cuadro que regalaban en una tlapalería del mismo nombre y que se trataba de una pintura sobre terciopelo negro que mostraba a unos simpáticos gatitos que jugaban con estambre, me permití visitar el Museo del Prado y dejarme llevar por la libre interpretación, inevitablemente salpicada de tanto lodo que mancha las noticias de estos días. En un raro juego de espejos, el inmenso cuadro del verdadero Velázquez se observa al pintor que se cree periodista habiendo sido actor y primer macho de una Madonna: sobre el lienzo que nadie observa con lupa parece trazar el mal olor de sus intenciones ególatras, aunque luego declare que intentaba pintar el rostro de un truhán, el retrato al óleo de un capo grande del crimen organizado que en realidad parece que no es más que un pobre alfil de otros jefes, más poderosos que él mismo y su fama que se enfunda en una camisa muy difícil de reproducir al óleo. En primer plano, el pueblo confunde con realeza a las llamadas Meninas, que son nada menos que damas de compañía, posibles meretrices, actrices en desgracia o desamparo …

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Ni en el cine

No olvidemos que Pancho Villa tuvo su coqueteo con Hollywood para que le filmaran un guión a la Robin Hood, protagonizado por un actor más guapo que él y programando fusilamientos no al ama+necer sino cuando hubiera mejor luz para captar los balazos, y que incluso la ficción permitía un final donde Villa terminaba nada menos que de Presidente de la República, sentado en la silla en celuloide tal cual se sentó en la vida real, al lado de Emiliano Zapata. Pero, wait a moment, con todo y lo bandolero analfabeta y lloroso asesino que fue, Villa se alzó en armas en medio de la revolufia de revueltas, rebelión y reformas que alzó el Sr. Madero con un proyecto político y social, y lo de ahora es cosa absolutamente demencial y diferente. Lo que olvidan quienes quisieran fincarle responsabilidad a una actriz y un actor malencarado por haber conseguido entrevistar al criminal más buscado sobre el planeta es, precisamente, que se trata de un criminal culpable de no pocos asesinatos, responsable directo de otras miles de muertes, empresario exitoso pero de una organización ilegal que trafica a sangre y fuego con probado veneno para humanos. No me detengo a ponderar …

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Del oficio

Al alba, en el umbral de la puerta, parece que los sabios del Oriente han vuelto a dejar un carbón en el zapato. Sucede todos los días: el que escribe se levanta con la ilusión de encontrarse con un poema deseado, un ensayo ya ensayado, una posible novela o la invención de un cuento, y los magos reyes del oficio han vuelto a dejar no lo que parece carbón sino un poliedro más bien diamante. La piedra lleva el oro garantizado como recompensa al trabajo, en tanto se confíe en la disciplina quizá tediosa y no en la supuesta epifanía del chispazo; lleva incienso para eludir los malos olores de todos los que han de leer tus páginas con mala leche, opinar incluso sin leerte y de allí que también lleva mirra para curar heridas, detener hemorragias y sanar el ánima con la que se ha de seguir en el intento. Aunque no sea necesariamente piedra filosofal, se trata de una gema que ha de apuntalar eso que llaman vocación y que se vierte con oficio… todos los días, a cada hora. Escribe el que escribe. El que no escribe no escribe, pero el que escribe de veras escribe todos …

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